Ir al contenido principal

La droga cuántica

Tu risa. Tu sonrisa. Tu boca. Tus ojos.
No saber qué decir. No ser capaz de hacer más que mirarte con cara de idiota.

El hombre más inútil del mundo ante el cegador destello de tu alegría. El hombre más aterrado del mundo atravesado por tu mirada. Aterrado ante la idea de que se me acabe esta droga que es el viento que nace en los abanicos de tus pestañas.

Este dealer anónimo me ha traído mierda dura. De la buena. Tan buena que se ríe de mis tonterías, que besa mis ocurrencias.

He tenido que ir al médico. Un tal Martínez me ha dicho que aunque me haga transfusiones para limpiarme, no va a funcionar. Que esta droga nueva es atómica, cuántica, que me afecta sin tocarme, sin beberla, sin respirarla.

El médico, Martínez, dice que sí... Que con toda seguridad voy a morir antes o después. Pero con suerte, la droga llega hasta el final de la vida. Que es como una inmunodeficiencia... Que con ella sería normal y podría hacer todo lo que quisiera hacer en la vida. Que sólo hay que cuidarse, comer mejor, hacer ejercicio, vida sana, para vivir más y mejor. Que durará para siempre y que merece la pena.

He salido de la consulta convencido. Habrá que ir hasta el final y seguir adelante. Adelante.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La primavera es un gato

«Querer a las personas como se quiere a un gato, con su carácter y su independencia, sin intentar domarlo, sin intentar cambiarlo, dejarlo que se acerque cuando quiera, siendo feliz con su felicidad.» Cortázar era un hombre de gatos. Cualquiera que sea de gatos entiende lo que quiere decir. Estamos acostumbrados a querer a las personas sin medida. Amar con toda nuestra alma y energía. Destruirnos por completo para demostrar a aquel ser amado que estamos completamente rendidos a sus pies, absortos y desprovistos de vida sin su presencia. Perros tristes sin amo. Cachorros sin guía. Pero un gato no quiere ser amado de esa manera. Querrá abrazos, pero no muchos. Caricias mientras deje de picar y hasta que vuelva a picar. Si la piel escuece, quizá es demasiado amor. Quizá es demasiado cariño. Quizá es posesión. Y a los gatos no se les posee. No tienen dueño. Las personas, aunque no lo sepan, tampoco. No todas lo aprenden de inmediato. La mayoría no lo hace nunca. Pero quien lo hace, sabe qu...

Abres la puerta.

Abres la puerta. La cierras tras de ti. Te quedas mirando al salón. Pongo mis manos sobre tus hombros. Te beso el cuello, bajo tu oreja derecha. Sabias que esto pasaría, te dejas hacer. Te muerdo ligeramente el lóbulo de la oreja. Mis labios están separados mínimamente por un suspiro continuo. Notas no aliento, rozandote el cuello, bajando a tus hombros. Oyes mi respiración. Mis labios te acarician. Cierras los ojos. Las tiras que sujetan tu vestido, rojo, se deslizan hacia tus brazos. Las acompaño con mis dedos. Mís manos aprietan los extremos de tus hombros, pero mis dedos te acarician retirando las tiras del vestido. Caen solas a lo largo de tus brazos. Sientes la brisa que provocan al caer. Y se detiene al llegar a tus codos. Cada vez tienes mas calor. Y mis manos. A pesar de estar secas, cada vez están mas calientes. Mis labios se juntan en tu hombro derecho. Mojados, por la compañía que les hace mi lengua en su camino hacia tus brazos. Mojados por tu propio sudor. Mi boca re...

Tornado Perfecto - Luz Interior

El huracán nos ha llevado a todos. Ese tornado perfecto. Ahora todos acompañamos a Dorothy; El espantapájaros descerebrado, el hombre de hojalata sin corazón, el león cobarde. Borracho, como estoy ahora, no sabría describir con precisión el motivo que nos lleva a los tres, reunidos en este cuerpo, a acompañarte por este loco sendero de baldosas amarillas que recorres cada día. Sin embargo, estoy completamente seguro de que es lo que quiero hacer. Quiero permanecer cuanto más tiempo a tu lado, mejor. Me hace feliz acompañarte. [...]